Bienvenidos una vez mas!! en esta ocasión les traigo un nuevo artículo bastante interesante, por sierto recibo opiniones, comentarios y sugerencias...
Esta situación prevalece mientras las
contradicciones existentes se mantienen dentro de las fronteras del
Estado-nación. En este punto es preciso retomar el tema de la modernidad. Vimos
cómo históricamente se realiza a través de la nación. Pero cabe subrayar que su
dinámica es distinta. La desterritorialización proporcionada por la nación es
parcial, favorece la movilidad de las cosas solamente en el horizonte de su
geografía. La modernidad requiere un desenraizamiento más profundo. En el
momento en que se radicaliza, acelerando las fuerzas de descentramiento e
individualización, los límites anteriores se vuelven exiguos. La "unidad moral,
mental y cultural" estalla. Si entendemos la globalización no como un proceso
exterior, ajeno a la vida nacional, sino como expansión de la modernidad-mundo,
tenemos elementos nuevos para reflexionar. Las contradicciones inauguradas por
la sociedad industrial y que afectan a los espacios nacionales cobran ahora otra
dimensión. Se trasladan a un plano mundial. En este contexto, la identidad
nacional pierde su posición privilegiada de fuente productora de sentido.
Emergen otros referentes que cuestionan su legitimidad.
Pensar la globalización en términos de
modernidad-mundo nos permite además evitar algunos tropiezos. De la misma forma
que no tiene sentido hablar de "cultura global", sería insensato buscar una
"identidad global". Debemos entender que la modernidad-mundo, al impulsar el
movimiento de desterritorialización hacia fuera de las fronteras nacionales,
acelera las condiciones de movilidad y desencaje. El proceso de
mundialización de la cultura engendra, por tanto, nuevos referentes de
identificación. Un ejemplo: la juventud. En las sociedades contemporáneas, la
conducta de un determinado sector de jóvenes sólo puede entenderse si la
situamos en el horizonte de la mundialización. Camisetas, zapatillas deportivas,
pantalones vaqueros, ídolos de rock, surf, son referencias
desterritorializadas que forman parte de un léxico y de una memoria popular
ju-venil de carácter internacional. Objeto de culto ritual en los grandes
conciertos de música pop (efervescencia del potlach juvenil), en
los programas de la MTV, en los cómics, conforma un segmento de edad (y
de clases), agrupando personas a despecho de sus nacionalidades y etnias. La
complicidad, la "unidad moral" de esos jóvenes, se teje en el círculo de las
estructuras mundiales. Para construir sus identidades, eligen símbolos y signos
decantados por el proceso de globalización. De esta forma se identifican entre
sí, diferenciándose del universo adulto. Lo mismo sucede con el consumo. Grupos
de clases medias mundializadas participan de los mismos gustos, las mismas
inclinaciones, circulando en un espacio de expectativas comunes.
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