Chequen algo importante de la modernidad...
A lo largo del
siglo XX la sociedad ha sufrido cambios económicos, sociales, políticos y
tecnológicos que han complejizado muchos planos de la vida y de las
relaciones humanas.
Sin embargo, la
permanente resistencia al cambio ha sido siempre una constante que ha
dificultado la adaptación de los sistemas educativos para que respondan
eficazmente a las exigencias de su tiempo.
Modernidad / Posmodernidad
La
globalización y el crecimiento exponencial de la información que se
comparte en la sociedad del conocimiento, han permitido profundizar los
paradigmas planteados en la posmodernidad, cambiando la manera en que
los hombres se relacionan y aprenden, con lo cual se han confrontado a
los sistemas de educación con sus propias formas de transmitir y generar
conocimientos.
Según Sandra Carli,
el debate modernidad-posmodernidad surgió como respuesta a una época
donde la mutación de referencias debilitó las verdades absolutas y
proyectaron el futuro como una banalización de la historia. Lineal y
extendido hacia un futuro determinado, la modernidad prevaleció la
visión de un presente estable con miras hacia un progreso enmarcado por
el desarrollo de las sociedades industriale.
Surgido en los 80’s, el debate sobre la posmodernidad se caracterizó por
estar cargado de una dimensión negativa altamente crítica del pasado
que abarcó diferentes disciplinas y corrientes. En la también llamada
“crítica a la modernidad” se daba por hecho el fracaso del proyecto de
la modernidad, representado por las construcciones homogéneas, la
periodicidad histórica - hechos delimitados por un principio y un fin-, y
además por la estandarización, la estigmatización y la especialización
de los individuos (Carli, 2004).
Educación y Comunicación
Los medios de comunicación y los nuevos formatos, están atravesados por lógicas del mercado y son a su vez espacios de reconocimiento social, legitimados y naturalizados por las generaciones más jóvenes. Con lo cual, el sistema educativo en vez de rechazar y criticar la gran atención que los jóvenes tienen por las nuevas tecnologías y redes sociales, deberían poner en perspectiva los modos de enseñar de la escuela y la educación superior. “La escuela sigue siendo, entonces, el lugar de transmisión de una visión del mundo, parcial, arbitraria, que no es la “verdad única sino una construcción histórica, pero que debe ser transmitida con fuerza de verdad” (Carli, 2004).
Los medios de comunicación y los nuevos formatos, están atravesados por lógicas del mercado y son a su vez espacios de reconocimiento social, legitimados y naturalizados por las generaciones más jóvenes. Con lo cual, el sistema educativo en vez de rechazar y criticar la gran atención que los jóvenes tienen por las nuevas tecnologías y redes sociales, deberían poner en perspectiva los modos de enseñar de la escuela y la educación superior. “La escuela sigue siendo, entonces, el lugar de transmisión de una visión del mundo, parcial, arbitraria, que no es la “verdad única sino una construcción histórica, pero que debe ser transmitida con fuerza de verdad” (Carli, 2004).
Los elementos emergentes de las críticas de la posmodernidad y la
preocupación por pensar y diseñar el sistema educativo para que sea más
acorde a las dinámicas y exigencias modernas, nos plantea entonces
escenarios comunicativos desafiantes. En su libro “Transmitir más,
comunicar menos”, Régis Debray
reivindica algunos aspectos que el hombre posmoderno debería rescatar
de la modernidad. Además, explica la importancia de pensar y rediseñar
la enseñanza en términos espacio temporales. Siendo la comunicación
transportada en el espacio y la transmisión en el tiempo, el mundo de
hoy nos rodea velozmente de datos y de información que se muestra como
urgente, pero que carece de esencialidad.
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